Como no resolver conflictos de pareja en la vía pública de los cuales no te incumben en lo más mínimo

Con los años voy perdiendo la imaginación o por lo menos la manera de plasmar mi imaginación en palabras. Por eso y para no perder el hábito de la escritura les voy a narrar un hecho que pasó hace muchos años con ribetes tragicómicos.

«Tra moglie e marito, non mettere il dito»

Dicho italiano

Eso es lo que aconseja un viejo dicho italiano, y hasta el sentido común. Pero en ocasiones no queda otra que intervenir y uds sufrientes lectores en los comentarios me dirán si tuve razón o no de hacerlo.

Los hechos

Esas tardes de pueblo en que no hace ni calor, ni frio. No pasan coches y ya abruma tanta calma. Pero gracias a unos vecinos la monotonía de esa tarde aciaga fue interrumpida de forma abrupta.

Para no aburrirlos con muchos datos, alguien del vecindario a quien vamos a llamar Gabriel había entablado una relación con una mujer joven pero con tres o cuatro hijas, por supuesto de muy corta edad. Lo de los niños viene a cuento porque fue el llanto de ellos lo que me llevó a salir a la vereda a «chusmear» que estaba pasando.

Era raro que lloraran todos al unísono porque son niñas muy tranquilas que juegan entre ellas y no molestan; fue así que me asome a ver que pasaba y me encuentro con la siguiente escena:

La mujer se había bajado de una moto muy ofuscada y comenzó a los gritos a proferir insultos y frases indecorosas que no corresponden a la delicada boca de una dama. Si le sumamos que la dama en cuestión estaba embarazada de ……..muchísimos meses * la escena se tornaba patética

* Desde ya me disculpo si hay algún dato errado con el embarazo, pero yo nunca entendí bien lo del padre y la semillita porque en esos tiempos te explicaban poco y nada y éramos todos autodidactas.

No era autodidacta el bueno de Gabriel que andaba por el barrio intentando enterrar la semillita en un jardín que no era el propio. Pueblo chico, infierno grande….se enteró la embarazada y ahí la tenes… Embarazada y eterna, enfurecida y ……mejor sigo el relato porque hay mucho Team Arjona acá.

Lo único cierto es que estaba tan embarazada como ofuscada, tanto que cuando estuvo frente al objeto de sus maldiciones comenzó a tirar manotazos y en un momento de máxima tensión le atinó tal rodillazo a los zonas pudendas que si lo agarra lo deja estéril.

El muchacho viendo peligrar su preciada masculinidad se puso en guardia como para iniciar un contraataque.

Cuatro niñas llorando a moco tendido, la embarazada puteando, a los rodillazos y Gabriel que en breve le iba a dar una tunda. Ante semejante cuadro de situación me pregunté que hacer si meterme o no meterme. Lo que me llevó a hacerlo es que le iban a pegar a una mujer, y embarazada; y eso delante mío no iba a pasar.

Fue así que corrí unos cincuenta metros y extendí el brazo entre ellos dos como si fuera un árbitro de box y muy firmemente les grité:

VOS, DEJA DE PELEAR CON LA COSA ESTA!!, Y VOS (A ELLA) TE MANDAS A MUDAR PARA TU CASA. VA’ VA’ JUIRA CAAAMINE A CASA!!! (ahi le di un toque gauchesco)

Seguramente existan métodos más apropiados para la resolución de conflictos de pareja, ni se porque dije lo que dije, pero mi intervención lo que no tuvo de científico lo tuvo de efectiva.

Tan ensimismados estaban en su disputa que siguiendo mi brazo extendido dos los giraron sus cabezas para mirarme con asombro. Aprovechando el momento de confusión me agarré al bueno de Gabriel y lo metí a casa para evitar males mayores.

CONCLUSION

Pasaron los años, luego de ese largo embarazo que no supe bien cuanto duró, nació otra niña que fue el fruto del amor y de la definitiva unión de la pareja. Hoy todas las niñas están mas grandes y siguen siendo una monada, juegan entre ellas y no lloran.

Para finalizar dos pequeños detalles: La ex embarazada tenían razón en enojarse con el picarón de Gabriel. Las pocas veces que me cruzo con la ex-embarazada, que intento ser caballero y le comento lo grande están las nenas, me hace resonancias magnéticas con la mirada y ni me contesta (vieron que algunas mujeres son un poquito rencorosas) me sigue odiando con todas sus fuerzas y tiene razón.

Por suerte aquella tarde en que me metí en la discusión nadie salió lastimado, eso es lo más importante.

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