La casa del mañana II: Edad antigua

La casa del mañana. I: Prehistoria

Edad antigua

En la antigüedad las cosas habían avanzado a pasos agigantados. Las familias se reunían  a mirar “La familia Ingalls” frente a los televisores que comenzaban a emitir en su programación en colores.

Las radios transmitían en frecuencia modulada (FM) . Por las noches los adolescentes de la antigüedad, abrazados a la almohada imaginábamos la belleza de una  locutora que cada noche, con su dulce voz desataba en nosotros arrebatos de pasiones románticas … y también de las otras.WIN_20170727_201114

Fue así que aparecieron los primeros radiograbadores a casette. Los casettes llegaron a reemplazar al discos de la prehistoria, también tenían dos caras y no se rayaban pero la cinta que llevaba adentro, cuando escapaba del carretel podía generar un matete de proporciones. La gran ventaja del casette era que se podía grabar. Los más pacientes pasaban horas frente al radiograbador esperando que por la radio pasen su canción favorita para poder grabarla….siempre y cuando apretaras rápido los botones de PLAY/RECORD y al infeliz del locutor no se lo ocurriera hablar encima de la canción.

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En el secundario aprendíamos cosas tan importantes para nuestro porvenir como estenografía y también escribir a máquina. Esos sabios conocimientos que volcábamos en nuestros primeros trabajos.

Las máquinas de escribir ya existían en la prehistoria, Todas tenían su teclado y un rodillo montado en un carro que “caminaba” a medida que pulsabas las teclas, al llegar al final del renglón con la mano derecha tomabas una palanquita que volvías el carro al principio del renglón siguiente. En las máquinas más viejas, había que teclar con fuerza porque el mecanismo era mecánico. Luego vinieron las máquinas eléctricas, en este caso el teclado era muy sensible y quien estaba acostumbrado a escribir con las máquinas más antiguas, al pulsar una sola tecla se escribía un renglón de ddddddddddddddddd acompañado del ruido de una ametralladora.

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Escribir a máquina en la escuela, era divertido porque jugábamos a la oficina o a ver quien escribía más rápido. Pero todo cambió en la oficina verdadera. Las cartas a máquina, se hacían a contrareloj, no por diversión y bajo la atenta mirada de tu jefe y todo eso sin equivocarte. Ufff constituía una epopeya y requería nervios de acero. Cuando existía un error en alguna palabra se pintaba con un líquido blanco y se escribía encima. Una vez terminada, el cretino de mi jefe miraba la carta al trasluz para contar cuantos errores había cometido.

Sin embargo en ese trabajo mi tarea principal consistía en preparar un “estado de situación de vencimientos….” Con una reglita, y una birome dibujaba con todo el arte que el apuro permitía, un bellísimo cuadro de filas y columnas sumadas con calculadoras que ya existían en en la antigüedad.  Siempre y cuando, la suma de las columnas coincidiera con las suma de las filas, sino…queda despedido.

Para fines de la antigüedad conocí los primeros centros de cómputos. Unos enormes muebles encerrados en una sala vidriada. Dentro de esa sala, las computadoras trabajaban con tarjetas perforadas  y tenían unos carreteles que giraban. Pero no recuerdo bien como eran porque a la sala vidriada sólo entraban “Los de sistema” una especie de hechiceros o semidioses que manejan un conocimiento vedado a nosotros simples mortales. Generaban enormes listados y manejaban palabras extrañas como LISTADO ABM, DATABASE  O IMPUT  (con perdón de la palabra).

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5 comentarios sobre “La casa del mañana II: Edad antigua

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